jueves, 27 de julio de 2017

Miradas no convencionales

    Clasificar, comparar o catalogar la situación por la que atraviesa Venezuela es muy difícil, cuanto más predecir posibles desenlaces. Ya los cauces de las emociones han transgredido por mucho los límites que se canalizan a través del diálogo –serio– y la negociación. Nuestro extraño caso aún tiene en estado de perplejidad a tirios y troyanos, mucho más a la comunidad internacional que emplea los mecanismos tradicionales diplomáticos y de negociación con antecedentes exitosos pero que acá resultan ensayos infantiles.

    Mientras, desde el precario gobierno las facciones interesadas continúan defendiendo férreamente los espacios remanentes de poder, por otro lado los liderazgos presentes en la unión de partidos políticos representados en la MUD por una parte y los diputados que representan la Asamblea Nacional elegida el 2015 presentando una oposición que intenta liderar la acción de calle pero preservando los condicionantes de “no violencia” y “dentro de la constitución todo” y además procurando quedar en “posición ventajosa” ante cualquier cambio de suerte. El germen de revolución presente en todas las sociedades y que sueña con un mundo mejor, con posibilidades de progreso y con ganas de cambiar el rumbo del país, encarna en la llamada Resistencia, un emergente y anónimo cuerpo no colegiado que destaca por sus cualidades de valentía, arrojo y por supuesto “temeridad” –consustanciado a la juventud que vibra en energía y hormonas– que se opone cual la alegoría de David contra Goliath anteponiendo su valor a sofisticados sistemas de represión que actúan sin ningún tipo de recato más que el cuidado de no disparar las alarmas de orden internacional que puedan provocar una intervención. Esto lamentablemente solo ha arrojado víctimas del lado más vulnerable, pasa ya el centenar que duele, duele profundamente cuando miramos la característica común de estos seres abatidos, niños en su mayoría que debieron cambiar el goce natural y alegre de la juventud por la exposición al peligro del combate. Que a su corta edad ya conocen de primera mano el hambre, ni hablar de las demás frustraciones cuando piensan en el horizonte. Tanto gris, que prefieren la peligrosa ruta de la rebelión sin condiciones adecuadas, armados con palos, piedras y escudos de cartón.
    Por otra parte, un sector muy sui generis de habitantes que siempre han estado ahí, silentes, casi invisibles… tímidos en el accionar y expresarse por haberse equivocado tanto. Este sector en las décadas pasadas le llamaban “Juan Bimba”, obra de la fértil imaginería de Mariano Medina Febres (médico cumanés que usaba el seudónimo de “Medo”) para caracterizar un muñequito que protagonizaba sus ilustraciones en las caricaturas de los diarios venezolanos, representado por un hombrecito delgaducho que vestía franela, pantalón roído con los ruedos doblados hacia arriba, calzando alpargatas y sombrero de cogollo.  Alude al venezolano en condición de pobreza y de origen campesino, nuestro recordado Leo (Leoncio Martínez) también lo reprodujo en sus caricaturas críticas a los gobiernos de turno y que también menciona el Poeta Andrés Eloy Blanco recreándole en sus entregas de la revista “Fantoches” de los años treinta.
    Candidatos presidenciales harían uso provechoso de este vacío manoseando voluntades, haciendo notorio el olvido y falta de compromiso con este sector del país por parte de los gobiernos anteriores y so promesa de por medio de “que ellos sí sacarían de verdad a este sector de la pobreza” así lograban detentar el poder. La campaña del 1997 no fue la excepción, conjuga el desencanto de esta población harta de ser usada y luego desechada, sumado a un elemento presente en el imaginario popular que cotiza la disciplina militar asociada a “orden y mano dura”. Se culpó de todos los males al capitalismo y a toda forma de institución y organización como la iglesia, la educación privada, los empresarios, los sindicatos, la ética ahora es una "ética capitalista" relativizando contenidos y todo lo que esté dentro de este marco formal ha sido el culpable de todas nuestras desgracias. Lo que no estaba en el libreto es los vínculos extramuros que se posibilitarían mediante esta “revolución” que cuestiona todo lo instituido, así entra en el escenario de una manera sublimada y edulcorada, la asociación con insurgencias no convencionales como las FARC, los renegados del mundo como Sadam Hussein, el prócer cubano Fidel Castro y los eternos combatientes de medio oriente… todo cabe en revolución, ahora lo que ha considerado y bien determinado como delito, puede ser revisado, “robar no es malo si se tiene necesidad” (HCF dixit)... Por tanto, el tratamiento a los transgresores a las leyes ha de ser no de excluirles de pleno derecho por lo que las cárceles ahora han de ser centros recreativos. Se disuelven peligrosamente los bordes y la sociedad ya no es civil sino “cívico-militar” y ahora la justicia militar tiene abierta la puerta para juzgar a civiles ante lo que pueda considerarse delito contra la patria.

     El desarrollo de esta historia ya la conocemos bien, mejor dicho, ya la sufrimos en carne propia. Y ha de ser pertinente un análisis exhaustivo de todas las aristas que pertenecen a esta trágica historia que sume al país más rico de américa latina en la más desesperante tragedia económica y social de su historia. Ya tendremos tiempo de contabilizar los desaciertos que nos trajeron a esta tragedia. La urgencia es vislumbrar una ruta de escape antes que sea demasiado tarde y sí… sí es posible caer cada vez más profundo en el precipicio, para muestra basta mirar en perspectiva la Haití de Duvalier, con más drama la penosa situación de la Siria de Al Assad. Imaginemos por un momento nuestra condición de vulnerabilidad y enfrentar el acaecimiento de un fenómeno natural como por ejemplo una inundación, terremoto, huracán… solo imaginen y saquen proyecciones.
Quisiera se detengan un momento y se evalúe el siguiente planteamiento. Cada día que transcurre, nuestro país pierde posición en el ritmo de evolución que le corresponde, en la misma medida que se profundizan las consecuencias de nuestros desaciertos. Esto es una fórmula exponencial. Por cada día de desabastecimiento y escasez, multiplicado por cada niño que sufre el embate del hambre o la subalimentación, sumamos al futuro próximo un hombre con capacidades de adaptación notoriamente menores al medio que le rodea. Por cada niño huérfano ante la acción del hampa, las enfermedades endémicas que resurgen, la paternidad disoluta, etc… se multiplica a la enésima potencia las probabilidades que reproduzca el modelo de perpetrador en el medio que le toque vivir con las consecuencias derivadas de tal conducta. Con cada joven profesional que emigra, es un quantum menos en la sana articulación de un país autosustentable.

   Desde este espacio hemos dicho que el verdadero éxito del país pasa por un salto de consciencia, esto implica –también lo hemos recalcado– que una masa crítica cambie de paradigma y sirva de agente promotor del cambio de consciencia. Ese hombre nuevo que habló Nietzsche que pasa por las tres transformaciones y que alcanza la categoría de niño, pleno de futuro y posibilidades, que surge tras la muerte figurativa de Dios (es la muerte de ese Dios de afura para tenerlo dentro, reproduciendo la mejor potencialidad posible), es un niño que tiene toda una vida por delante para alcanzar sus metas y objetivos, ese niño es producto de una transformación que deja tras de sí aspectos propios semejantes a las bestias y deviene en un ser pleno de facultades, en especial la razón humanizante que Nietzsche llamó “instintos ascendentes”. Puede pensarse que estas son transformaciones lejanas en el horizonte, no obstante, crisis como la que vive el país o tal vez más agudas como tal vez nos corresponda trascender (La Providencia nos ahorre el tránsito), son “acelerantes” en los procesos de la evolución de la consciencia.

    Volviendo a nuestra situación actual, vale destacar un hecho que ha pasado casi desapercibido en el marco de la intervención del Secretario General de la OEA el día miércoles 26 de julio, en la sesión del subcomité para Latinoamérica de la cámara del senado de los Estados Unidos. En la intervención del Senador Robert Menéndez, en la que interpeló al Sr. Almagro en cuanto a las razones por las que no habían alcanzado el consenso en las reuniones del órgano de los Estados Americanos, en especial dada la abstención o voto contrario por parte de países comprometidos económicamente con el gobierno venezolano y que dejaron claro ejemplo de lo que significa el peso de los acuerdos que les proveen de ventaja o privilegio por las cuotas de petróleo y que revela el franco deterioro en la escala de valores fundamentales que se manifiestan en una ética, con mayor énfasis en organizaciones concebidas para la promoción de dichos valores fundamentales y la protección ante amenazas para sus miembros.

    El mundo no ha puesto suficiente atención al caso venezolano por ser este inédito a la práctica diplomática. Con más énfasis ante la realidad de que cualquier nación puede caer inadvertidamente en esta trampa y ser víctima de un drama como el nuestro, que las instituciones claves como el sistema judicial y las fuerzas armadas sean alienadas al servicio de una parcialidad y la voluntad popular se anule. El mundo debe entender que ante estas situaciones fuera de la lógica occidental y del derecho canónico, lo tradicional no sirve. Se impone pues revisar las prácticas de manera que incorporen la ayuda efectiva de manera que se apoye en una consulta limpia al pueblo, a las mayorías, si están de acuerdo o no con la forma de gobierno. Todo vale con fines a economizar víctimas inocentes en la contienda. El orden de los valores fundamentales tiene que preservarse y la democracia sin duda alguna es la forma de gobierno más perfecta y cónsona con la razón. Sin duda que los esfuerzos del Dr. Luis Almagro y el senador Marco Rubio han dejado muestras ejemplares de estar consustanciados con su papel como servidores de la democracia, la historia les ha de reconocer tal esfuerzo.

lunes, 19 de junio de 2017

Reflexiones incómodas

A mi maestro Carlos Jorge...
La crítica es saludable cuando nos pone delante los errores cometidos y tendrá sentido cuando de ello deriven acciones que propicien el éxito a los fines del bien que se persigue. Experimentamos momentos aciagos para nuestra República, en nuestra sociedad emergen problemas que han estado sumergidos mediante la indolencia de nuestras clases dominantes desde nuestros primeros tiempos y que han emergido de manera violenta para poner de relieve nuestras más oscuras facetas como sociedad. Antes hemos escrito sobre las “representaciones sociales” idea del inconsciente colectivo que rige el comportamiento de la sociedad, nuestras sociedades son el arquetipo de nuestras virtudes y vicios individuales, colectivizados en la medida que se hacen notorios o abundantes. Esta tendencia engendra a su vez conducta según dicho marco y contamina o subsume lo bueno si lo malo se hace mayoritario. Así, nuestra sociedad no sólo es “buena gente”, “trabajadora y luchadora”; sino que también manifiesta lo que ha quedado patente en estos dieciocho años mediante violencia, corrupción, desidia, indolencia, rentismo y todos los males que ha revelado esta “etapa de revolución”.
Sin desmérito de los progresos industriales y “ascenso social” que muchos ciudadanos de bien aprovecharon del estado de bienestar de los cuarenta años de democracia, las equívocas políticas de asistencia social que tendían hacia el “asistencialismo” y no hacia la educación para “enseñar a pescar”; sumado a un sistema educativo que <<siendo meticulosos en el respeto al pensamiento plural>> no promocionó adecuadamente la <<educación ciudadana>>, el acento en los valores de la democracia sin soslayo o parangón como prescribía Simón Rodriguez y que su alumno predilecto Simón Bolívar predicó, hicieron posible que el germen del resentimiento y la lucha de clases tuviese “torcido” asiento en el imaginario colectivo.
No obstante las alarmas que genera nuestra actual situación, es sorprendente que no haya sido la sirena que convoque a nuclear una única, sólida y compacta oposición que consolide un frente ante un sistema que sostiene el poder a toda costa, y cuando decimos “a toda costa” implica transgredir los límites de la sensatez y sin contingente ético. Sí, hay un despertar que se manifiesta angustioso en diferentes y variopintas iniciativas, pero la dispersión y los esfuerzos parciales deben confluir para enriquecer la estrategia y aun cuando se abran varios frentes para combatir nuestra situación, respondan a una estrategia única que bien pudiese confluir a un ideario nacional que plante cara ante el régimen y proponga un nuevo orden nacional. No han sido suficientes las setenta y dos pérdidas de vidas que día a día van tachando con sangre en el calendario que contabiliza la dimensión de nuestra luctuosa tragedia; para poner en espera los intereses particulares y las diferencias ideológicas, para sumarse a un solo propósito, consolidar un proyecto país y definir una estrategia concertada para la transición en el plazo más corto posible y con el menor costo de víctimas.
Es el momento de poner a un lado la soberbia y trabajar de manera conjunta para construir el país que soñamos. La Asamblea Nacional es por excelencia la punta de lanza catalizadora para promover y organizar esta concertación nacional, en la cual tengan espacio “real” todos los sectores de la nación. Y decimos “real" por cuanto en la participación colectiva de dicha construcción, todas las ideas deben ser tomadas en cuenta, tabuladas para construir una sólida posición que colegie las voluntades de manera que se ponga coto al totalitarismo. La AN como centro, las Iglesias más representativas del sentir nacional, las academias con la representación de sus estudiantes, los empresarios y demás órganos colegiados, inclusive las disidencias del régimen, han de concurrir a sumarse a esta acción.
No podemos seguir eludiendo la realidad de que esto trascendió nuestra capacidad de discernimiento, hay intereses supranacionales interesados en continuar la caótica situación del país. Venezuela es y ha sido un botín deseado por muchos durante mucho tiempo. Y de manera segmentada, por separado o mediante los liderazgos convencionales, será muy cuesta arriba detener el desastre y se corre el riesgo de fracasar en el intento. No hemos avizorado aún la magnitud del problema con claridad y la soberbia contribuye al desespero y nubla la visión. Es indispensable LA UNIDAD, para ir con estrategias claras y oportunas en el proceso de recuperación de la institucionalidad, so pena de perder el momentum. Nuestro problema clave o fundamental tiene que ver con la educación y la cultura, nuestra débil complexión permitió que se desarrollara de manera imperceptible el mal que nos aqueja. Así como durante los cuarenta años de democracia ignoramos que sí había pobreza y excusión, también minimizamos los efectos que el discurso izquierdista estaba ocasionando en el seno de las universidades, en los barrios, a lo interno de los partidos políticos, algo que en algún momento haría eclosión.
El explosivo coctel que adquiere carácter neurálgico en los siguientes años consecuentes al primer gobierno de CAP (1979 en adelante), tendrían consecuencias nefastas para nuestro sistema. Sin duda alguna, Venezuela se dividía en dos polos de realidad ampliamente diferenciadas. Un sector de la población con acceso a los servicios y bondades de la modernidad, y por otro lado, un gran sector de la Venezuela rural sumado a un cinturón de miseria que pululaba en los cerros y barrios que crecían en los alrededores de las metrópolis sin control alguno y con una visión distorsionada de las bondades del petróleo, que hacía creer que sus carencias eran sólo producto de lo que se robaban los ricos y los políticos a costa de sus penas y padecimientos. Este sector mayoritario demográficamente era el caldo de cultivo por excelencia para el resentimiento y la revancha. Luego, en el seno mismo de la clase media movidos por intereses particulares de sectores que disputan el poder, comienza a tener cabida el discurso de carácter social pero maniqueo, carente de interés legítimo por soluciones, más sí cargado de señalamientos y críticas manipuladoras ante el “sacrificio de los más pobres”. Sin duda, esta mezcla de un sector que padece de las vicisitudes de no contar con el acceso a las bondades de la vida moderna, bombardeados con la idea de que la culpa de todas sus penas la tienen los corruptos y todos los empresarios que se “han robado lo que a ellos corresponde”, es una receta altamente explosiva y que detonó en capítulos, de los que el primero fue el “caracazo del 27 de febrero de 1989”. No obstante el remedio fue peor que la enfermedad y el destino quiso que viéramos de primera mano lo que significan los “demonios de nuestra sombra”.
Hoy la juventud enfrenta de una manera estoica la fuerza represiva del régimen. Persiguen un sueño que se alcanzará en la medida que se orquesten acuerdos de convivencia los que tarde o temprano han de surgir del mismo seno de nuestra colectividad. Quiera La Providencia que sea más temprano que tarde y que no ahondemos en los infiernos de la confrontación que lega odios, mayor pobreza y revancha. Tiempo de decisiones maduras.
“Las Violencias del Gobierno hacen un Pueblo astuto.
Primer grado de Política Popular.
La Astucia del Pueblo hace un Gobierno Suspicaz.
Primer grado de Política Gubernativa.
La Suspicacia del Gobierno hace un Pueblo desconfiado.
Segundo grado de Política Popular.
La Desconfianza del Pueblo hace un Gobierno Hipócrita.
Segundo grado de Política Gubernativa.
La Hipocresía del Gobierno hace un Pueblo falso.
Tercer grado de Política Popular.
La Falsedad del Pueblo hace un Gobierno arbitrario.
Tercer grado de Política Gubernativa.
La arbitrariedad del Gobierno hace un Pueblo atrevido.
Y se acaba la POLITICA porque se pierde el RESPETO.
Discordancia absoluta entre las partes.
El miedo hace al gobierno TIRANICO.
El ODIO hace al Pueblo CRUEL.”.


S. Rodríguez.     

martes, 6 de junio de 2017

Una historia de Dragones


A mi maestro Phileas de Montesexto:

Las historias antiguas, más allá de justificar la beatitud o edificar la veneración sobre un santo en particular, contienen siempre una alegoría plena de significados que vistos fuera de la característica devocional y con mayor intuición mística, son enseñanzas que nos pueden ayudar a trascender estados de consciencia. La historia de Santa Margarita se inicia en la región de Antioquia, Asia menor, en la que Margarita era la hija de un sacerdote llamado Onésimo y cuya madre murió en el parto de la niña. Sin embargo, para la iglesia ortodoxa, esta historia se imbrica con la de Marina, una valiente mujer que decide hacerle frente a un dragón que devora campesinos de la isla con tan solo agua bendita y un facsímil de la santa cruz. El dragón devora a la santa quien permanece intacta dentro del vientre del dragón, mediante la señal de la cruz rompe la carne del monstruo y emerge de sus entrañas para librarse del oscuro trance. Coincidencialmente, Margarita significa “Perla”, así entraña la alegoría simbólica a la Perla que para lucir su esplendor, debe ser expuesta de su tosco envoltorio.
Hoy a escala global, la sociedad se encuentra en estado de convulsión. Los hechos desde distinto matiz, pintan de gris el presente y amenazan con oscurecer más el horizonte. La violencia extrema que orbita en derredor de la guerra en Siria, ha dado evidencias ciertas del proceso de <deshumanización> que hemos venido experimentando. El consecuente fenómeno de la migración que afecta el estado de confort de países que han alcanzado un nivel de vida apreciable, ha puesto a prueba el grado de “solidaridad” y “calidez humana” que debería acompañar a una sociedad en situación de progreso y desarrollo. No obstante, ha sido la segregación, el proteccionismo al extremo de xenofobia, lo que ha dejado desnuda la verdad de que “progreso material no equivale a evolución espiritual”. En Venezuela, la constante que <<debería seguirse de la máxima evolutiva>> que marca un avance constante, aun cuando a diferentes ritmos pero nunca marcha atrás… en esta historia no se cumplió. Una sucesiva escalada de hechos que han ido demostrando de modo contundente, que las condiciones de vida moderna que deberían estar maridadas con el progreso, acá funcionaron en reversa; y hoy el país se hunde en la más profunda crisis vista en su historia y que abarca el factor moral y societario.
Es por esto que una revisión más allá de los síntomas, que profundice en las causas, es indispensable si se quiere aplicar correctivos de fondo y que los cambios sean significativos. La historia de Santa Margarita es una alegoría interesante como marco de análisis de caso para la experiencia Venezuela. Si observamos el dibujo de Rafael podemos observar un animal fiero, dotado de garras y colmillos hechos para herir, para desgarrar y devorar. Una bestia poderosa, fuerte, más grande que cualquier condición humana. Por otro lado, la santa reflejada en una virginal mujer, que ilustra la belleza, la fragilidad femenina, la complexión delicada que no está dotada para la lucha, para el combate. Nótese además que no es una batalla de ejércitos, es individuo contra “la bestia”, el poder que intimida contra la belleza de la pureza. Lo más sublime de la naturaleza humana, en lucha contra la fuerza bruta de la bestia.

La condición física de Santa Marina o Santa Margarita no es equivalente al poderío de la bestia, de hecho el Dragón está fagocitando a campesinos, a labriegos que tienen mayor condición física que la vestal; ella ha de sucumbir ante el poder del Dragón hasta quedar dentro de su vientre, es el descenso a los infiernos. Se vence mediante los instrumentos superiores, que no están a la vista porque son invisibles al ojo humano que solo valora lo evidente, lo obvio, la supremacía física o material es aparente. La historia nos enseña que lo mejor del ser humano puede vencer la barbarie. Del interior surge la fuerza que vence a la bestia, la devoción y la fe están relacionadas con el aspecto más elevado del “ser humano”, no necesariamente es una alegoría a “abandonarse en la voluntad de Dios”, ¡no! Ese fue el error de la edad media. La clave está en sacar a relucir el culmen del espíritu humano que definitivamente es expresión de lo divino, de lo elevado y que es por más, superior a la fuerza de la bestia. ¿Qué implica esto? Inteligencia por sobre fuerza, fortaleza de espíritu antes que fuerza bruta, templanza opuesta al desespero. Es tarea de todos empezar a trabajar nuestra “perla” de manera que la liberemos del opresor, contaminar nuestro entorno con el espíritu humano superior de manera que se produzca una “masa crítica” usando los preceptos de la física; que alcance a superar la inercia de lo Dragón que oprime nuestra verdadera esencia. 
* Dibujo de Rafael DiSanzio de 1590 obsequio al Papa Sixto V. 

jueves, 11 de mayo de 2017

DESPERTARES




El tema de este escrito es homónimo de una hermosa película de Penny Marshall basada en una etapa de la vida del doctor Oliver Sacks. Estrenada en 1990 y protagonizada por dos titanes del séptimo arte, Robin Willams y Robert DeNiro. Oliver Sacks, médico neurólogo; escribió el libro que inspira la realización del film y que desarrolla la historia alrededor de Leonard Lowe (Robert DeNiro) quien ha padecido desde su niñez de “encefalitis letárgica”[1] ; una condición que se manifiesta por apatía progresiva hacia el entorno, algunos síntomas parecidos al mal de Párkinson y que culmina en un estado de letargo catatónico. La experiencia del Dr. Sacks al entrar a trabajar en el hospital psiquiátrico Bainbridge (Beth Abraham Hospital en la realidad), en el cual conviven varios pacientes con dicha manifestación, hace que se sintonice profundamente con los cuadros relacionales entre pacientes y sus familias, en especial con el caso de Leonard. Sus estudios de investigación le llevan a promover la experimentación con la L-Dopa (Levodopa) con sorprendentes resultados que le regalaron a estos pacientes, un despertar temporal a un mundo que había avanzado ya más de diez años. El centro emotivo de la película transcurre precisamente en la duración de este episodio de lucidez que experimentan los pacientes y que los relaciona con lo sentimental, los valores de la familia, el valor de una madre, el amor hacia una pareja… pero con mucho énfasis la maravilla de la vida. Una de las escenas más aleccionadoras, en la que Leonard no puede dormir incluso por encima de una dosis importante de sedantes, y manifiesta tal desesperación que el personal médico cree que está presentado un episodio esquizofrénico, desenlaza en que ante la manifestación del reaparición de la enfermedad por los síntomas que presenta, necesitaba comunicarle al Dr. Sacks “que era importante recordarle a todo el mundo, el milagro de la vida”.
Hoy, atravesando el drama de país que tenemos, y admitiendo estar contaminado por el malestar que ocasiona ver la “corrida de toros” que se escenifica en la Avenida Francisco Fajardo como emblema, y que se extiende por las principales ciudades del país con sus particulares modos, cuesta maravillarse ante el milagro de la vida; no hace falta un sesudo análisis para saber quiénes hacen de matador y quienes ponen el lomo para las banderillas del gas y la inminente estocada del disparo. Es el medio que el ciudadano inconforme con el estado de las cosas halla para hacer sentir su desespero en un país que naufraga en un caldo maloliente y denso que sofoca y asquea. Son los signos de un despertar caótico, desorientado, extraño… A esto, en medio del fragor de la refriega, dentro de este maremágnum al que nos enfrentamos, es de vital importancia que hagamos un alto para poner en orden las cosas, reflexionar, honrar a los caídos, tanta vida regada por las calzadas, tantos sueños truncados a la mitad. Todos duelen, tienen particulares señas, algunos con énfasis como Alejandro Cañizales; con tan solo 17 años salió a conquistar la libertad con su alma de poeta; porque los músicos requieren una sensibilidad especial que no todos portamos y le toco entregar su instrumento más valioso en las calles en nombre de la libertad. Miguel Castillo había inaugurado sus sueños de comunicador hace escasos días, Oriana Wadskier tiene su carrera de medicina en puntos suspensivos...
Son símbolos valiosos que están siendo inmolados para cambiar la realidad de un país que llegó con sus propios pies a las puertas del infierno. Esto merece un alto para mirar que lo que nos acontece, es el ataque impío de <<la sombra>> de nuestra propia sociedad. <<Papá Dios nos está mostrando, todos y cada uno de los defectos que plagan nuestra sociedad>> y hasta que no integremos nuestra sombra y atemos nuestros demonios, no habremos de salir de esta pesadilla. Tendemos a mirar con rabia a los perpetradores del sistema, pero quienes se encuentran desempeñando ese papel hoy; reproducen en el campo mórfico ecos del pasado que también forma parte de nuestra historia y que por acción u omisión le hemos dado fuerza. No es que esta sociedad venezolana está compuesta de angelitos de un lado y demonios del otro, flagelándonos cada cual según su parcialidad política, no. Esta infección que hoy vemos con asco, es un subproducto de nuestra acomodada sociedad que se creyó inmune tan solo con voltear la cara contra el lado más feo. Un ejemplo clásico de esta realidad ha quedado plasmada para los anales de la historia en Caracas, los edificios de San Agustín del norte (vista de nuestra ilustración, formaron una barrera estética al complejo de Parque Central, convenientemente situado para servir de pantalla ante una de las emblemáticas favelas que circundan el paisaje caraqueño.

Hemos dado la espalda a nuestros más acervados vicios para convertirlos en cancerberos que fagocitan la parte más noble pero menos fuerte de nuestra sociedad. Así, seguimos ignorando nuestra sombra porque cuesta mucho reconocer nuestros fantasmas, es más fácil idealizar, ufanarnos del lado bueno del venezolano… Y ¿qué hay de nuestros defectos, o sólo los demás tienen defectos? Tendemos a sutilizarlos, no es deshonestidad, es picardía. No es promiscuidad, es exceso de alegría…
Hoy nos enfrentamos a esta dura realidad cual si fuese una pesadilla. Deseamos fervientemente que “todo pase así como pasa un mal sueño”. Pero de no producirse un sisma, de no asumir soluciones definitivas, profundas, meditadas, a consciencia, espirituales… nos estaremos tomando una aspirina que alivia el síntoma pero no ataca la enfermedad. En nuestro film escogido de preámbulo, Leonard no se equivocó en su presentimiento del regreso de la catatonia, los efectos de la droga eran limitados y no había sido perfeccionada, por lo que se producían secuelas que hacían retroceder la terapéutica. Y su desespero por decirle al Dr. Oliver Sacks la importancia de “recordarle a todos que la vida es un milagro”, ha tenido eco en muchos que buscan el elemento superlativo del espíritu humano para practicarlo y “traer el reino de Dios a esta tierra”. Se buscan hombres y mujeres de buena voluntad para multiplicar estas certezas. El Dr. Oliver Sacks siguió investigando y enseñando hasta su desaparición en agosto del año 2015. No cabe duda alguna del arrojo de estos héroes de la piedra y el escudo, sin embargo un nuevo estado de consciencia tiene que emerger y que impulse un despertar real de nuestra sociedad para poder realmente maravillarnos de la vida.



[1] También conocida como Von Economo, en honor al pionero en la investigación de la enfermedad, que se presentó a mediados de los años 20 en forma de epidemia y que era consecuente a una faringitis, seguida de trastornos severos del sueño y que desencadenaban en el cese de la motricidad autónoma del individuo. La mortalidad se sitúa en 40% y en cuanto a los sobrevivientes, padecen de la mencionada patología. Los más recientes tratamientos emplean la L-3,4-dihidroxifenilalanina (evolución de L-Dopa) en dosis controladas y se enfocan con mayor énfasis en la terapia física para extender la respuesta neurológica.

sábado, 11 de febrero de 2017

Camino a la VI República.- Comentarios sobre el artículo: Venezuela, La Batalla Final.

Del artículo escrito por el profesor Heinz Dietrich, el 30 de diciembre pasado en la sección de Autores de Aporrea, muy pertinente por demás cuyo título encabeza este escrito[1], he querido emplear con mucho respeto, su estructura para ahondar en una crítica a nuestra actual situación ideológica que parece “atrapada en el tiempo” mientras que los acomodos social, económicos y tecnológicos en el mundo, nos han dejado atrás, peligrosamente rezagados, quedando cada vez más frágiles ante el espectro del progreso. Inalcanzable para nuestras posibilidades alcanzar como nación lo que Simón Bolívar designa a las futuras generaciones de gobernantes: “Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa… Un gobierno que haga triunfar bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad”[2].
El problema de errar en la búsqueda de la fórmula del progreso no es exclusivo de Venezuela. América Latina se debate entre fórmulas repetidas y contradicciones que hoy están en puntos suspensivos en el mundo entero; fórmulas que nos han sumergido en el subdesarrollo, la pobreza y la exclusión. Una debilidad crónica y dependencia que nos ha llevado a buscar desesperadamente malabaristas, magos y maromeros para que nos ayuden a encontrar el sendero perdido hacia el primer mundo. Hemos de referirnos a la dicotomía entre liberalismo y socialismo en Venezuela; por ser éste el país donde disfrutamos y padecemos. Resulta pertinente, ya que aquí se pone a prueba el mito de lo “imprescindible” de los recursos materiales para alcanzar la autonomía ya que en nuestro caso, desde los cuarenta años de democracia imperfecta, pasando por los más de tres lustros del Socialismo del Siglo XXI, se han administrado (o mejor dicho: dilapidado Giordani dixit) la más ingente cantidad de recursos provenientes del suelo, sin que ello haya colocado al pueblo en el camino del desarrollo y la autosustentabilidad de la nación. Al contrario, ha servido para que élites se hayan enriquecido de manera grosera y escandalosa haciendo de los bienes del Estado, botín de pocos. Aquí cobran más vigencia que nunca las palabras de Simón Rodríguez: “o inventamos o erramos”. En esto es impostergable que hagamos crítica profunda de nuestros paradigmas para producir ideas nuevas, que sean pilares para el desarrollo de una sociedad de bienestar y progreso.
Volviendo al artículo del Profesor Dietrich, citamos: “El resultado final del proceso de transición será determinado por los militares y la geoeconomía mundial. Ante ambos atractores, la MUD y la Troyka son operadores de segunda clase en un polígono de transición definido por fuerzas superiores.” Preocupa que nuestra discusión no alcance superar el paradigma anti-imperialista, la paranoia de yanquis persiguiendo “nuestro petróleo”. El mundo entero abjura del uso de los combustibles fósiles ante su nocivo efecto sobre el planeta. Los científicos del primer mundo trabajan incansablemente en la investigación para la generación alternativa de energías más económicas y menos contaminantes. Sumado a esto, el mercado se encuentra saturado por la sobreoferta que impulsa a la baja los precios del crudo. El levantamiento de las sanciones a Irán conjuntamente con Estados Unidos ahora en el escenario como proveedor en los mercados, compromete la ya dudosa ventaja de pertenecer al Club Petrocaribe como mecenas de una causa con cuestionables ventajas. El tiempo ha dado la razón a quienes como Juan Pablo Pérez Alfonzo, han descrito los efectos narcotizantes del petróleo a semejanza “del excremento del Diablo”; pues éste ha servido para aletargar las potencialidades de nuestro pueblo, atornillando la corrupción como una de las formas más viles de sometimiento y alienación; para exacerbar la cultura rentista que nos amodorra y atornilla el mito del país rico. Hoy podemos comprender que los años de bonanza petrolera y la deriva económica que produjo, no proporcionó a nuestra nación la autarquía[3].
¿Subsisten intereses sobre nuestra situación geográfica que puedan ser atractivo de potencias? Sin duda alguna, pero no solo para el “big-brother”. Venezuela como puerta de entrada a Suramérica es atractiva para las potencias que observan con interés estas ventajas-. Sumado esto a las riquezas en recursos minerales e hídricos estratégicos de que dispone el suelo nacional, hace de Venezuela un botín preciado. Más, ¿Acaso alguna de las potencias establecidas o emergentes privilegiarían el bienestar “del otro” por encima de los intereses y conveniencias de su propio pueblo? ¿Qué nos pasó en ese trance de inocencia en el que se han enaltecido los convenios con Cuba, República Popular de China, Irán y otras naciones para llamar a estos “de gran beneficio para nuestro pueblo”? ¿Realmente hemos de ser tan cándidos para pensar que algún peregrino gobierno hará “negocios” para promover el desarrollo de otra nación por encima de los de su propio pueblo, de manera que en el futuro se constituya en un rival en los mercados internacionales? No podemos enajenarnos del hecho que “la condición humana primitiva” priva cuando entran en conflicto intereses. Prevalece el principio darwiniano por sobre elementos románticos de consustanciación ideológica. En este sentido cobra fuerza la sentencia del Prof. Dietrich de que la transición será definida por “fuerzas superiores”. Alerta como las que enerva Eulogio Delpino, al calificar nuestro futuro como “la inminencia de una catástrofe”, no puede ser ignorada, ni mucho menos ser vista como contra-revolucionarias pues el interés de la República se encuentra por encima de la prevalencia de ideal político alguno.
Las fuerzas superiores saben que nos encontramos ante una estructura productiva casi extinta, reducida a ruinas. El desmantelamiento del aparato industrial que se suma a la progresiva obsolescencia tecnológica mediante estos tres lustros, mientras de manera contrastante la nanotecnología, la bio y neurociencia marcan el rumbo en los avances e investigaciones de las naciones del primer mundo. Entonces la cuesta para acompasarnos a los ritmos del mundo es “empinada y culebrera”. En lo pragmático, con carácter de urgencia en nuestra realidad venezolana; el tema económico dando síntomas de catástrofe, ha de ser afrontado mediante el consenso y aceptando que tan sólo un gran acuerdo nacional podrá salvarnos de que todo esto escale a dimensiones bélicas y justifique una dictadura a lo Pinochet (Mejor dicho a lo Mugabe, Pinochet era progresista).
La perspectiva profética que describe el Prof. Dietrich para ser desarrollada en tres fases (cambios institucionales a partir de la Asamblea Nacional y el 6E, confrontación de los extremos en pugna en la calle y caos, para dar paso a un régimen militar, para luego iniciar el surgimiento de la VI República), tiene su peso específico. Tan solo un acto de constricción de consciencia sobre las circunstancias, podrá prever un inminente y sangriento desenlace. Por todo esto, es de vital importancia que se convoque a un proceso de concordia oppositurum como lo apunta el Prof. Dietrich, las posiciones extremas deben quedar en el congelador, pertenecen al pensamiento de la barbarie. El petróleo, aún como eje de controversias -nuestra principal fuente de ingresos-, está en el banquillo con muchas probabilidades de ser sentenciado a muerte, si no tomamos medidas urgentes corremos el peligro de sumarnos a los países en estado de miseria… así lo entendió el mundo árabe y diversificaron a tiempo sus fuentes de ingreso, haciendo secundaria la renta petrolera. Las potencias emergentes están seriamente abocadas en este propósito y siendo parte fundamental del motor de la economía mundial, es un motivo más para ocuparnos en diseñar una estrategia económica seria para los años por venir. El pensamiento de izquierda debe ir a un estadio superior al antiimperialista, entrar a una etapa propositiva que propicie el desarrollo y la evolución equitativa de los pueblos. Debemos concentrarnos en promover soluciones que concilien lo mejor de la economía de mercado, con la conciencia social “no rentista” ni parasitaria; así lo entendió la República Popular de China y han adecuado su estatuto. El Estado no puede ser un apéndice del partido o viceversa. Los partidos de turno son administradores de un bien que es recurso del Estado y el cual no puede ser excluyente.
“La América española es original, originales han de ser sus instituciones y su gobierno. Y originales, los medios de unas y otro. O inventamos o erramos. La América no debe imitar servilmente, sino ser original.” Simón Rodríguez. Sociedades Americanas, 1828.




[1] Publicado en www.aporrea.org/autores/heinz.dietrich
[2] Discurso ante el Congreso de Angostura de febrero de 1819.
[3] Término derivado del griego y que se aplica en la economía para aquellos procesos de autoabastecimiento o autosuficiencia.